Domingo 19 de noviembre – XXXIII del Tiempo Ordinario

Nov 16, 2023

1ª Lectura: Pr 31, 10-13. 19-20. 30-31
Salmo 127, 1-2. 3. 4-5
2ª Lectura: 1Tes 5, 1-6
Evangelio: Mt 25, 14-30

Penúltimo domingo del Tiempo Ordinario a las puertas de celebrar la Solemnidad de Cristo Rey y de dar por finalizado el ciclo litúrgico. Nos acompaña el capítulo 25 de San Mateo, evangelista que lo ha hecho durante todo este año. Al finalizar un ciclo, es bueno hacer balance y tal vez, si nos adentramos en la parábola de este domingo, descubramos en ella mucho de eso. Tres siervos reciben talentos diferentes antes de la partida de su amo con el encargo de cuidar de sus bienes. Dos de ellos consiguen doblar la cantidad depositada en confianza por su señor, pero uno de ellos, bien por temor, bien por holgazanería, decide enterrarlo para entregarlo íntegro a su amo. Quienes hicieron fructificar aquellos talentos, reciben el premio por su esfuerzo; quien no, descubre la cara de su señor que tanto temía. El juicio del amo no va en función de la cantidad de talentos, sino del esfuerzo de cada uno de los siervos. El señor busca que aquellos criados traten sus bienes como si fueran suyos, los hace copartícipes de su riqueza. Pero aquel tercer criado no lo siente así, no considera que aquello que su señor depositó en confianza sea también algo propio. Parece una contradicción esta parábola: el Señor quita a quien no tiene y da más a quien más tiene. Es un sin sentido que choca con todo lo que nosotros esperamos del evangelio de Jesús. Pero hay que mirar más allá, pues el fondo de esta parábola no es tener más o menos, no es ser más rico o más pobre, sino la disposición interior a responder al ofrecimiento gratuito del amo. El Maestro pone ante nosotros un plan de salvación que quiere cumplir en su última venida, y espera de nosotros una respuesta libre, gratuita y personal que no permite excusas. El Señor espera que sintamos ese plan de salvación como propio, no como algo ajeno que custodiar durante un tiempo. Quiere entablar con cada uno de nosotros una relación personal y pone ante nosotros un proyecto, un sendero que caminar juntos. Ese sendero lo recorremos con los dones que cada uno ha recibido, cinco, dos o uno, y que debemos poner a fructificar para que otros muchos recorran con nosotros el mismo itinerario. Al final de este año litúrgico, la pregunta que debe resonar en nuestra oración personal es muy simple… y mis dones ¿están dando su fruto?