Domingo 17 de diciembre – III Domingo de Adviento

Dic 16, 2023

1ª Lectura: Is 61, 1-2a. 10-11
Salmo: Lc 1, 46-48. 49-50. 53-54
2ª Lectura: 1Tes 5, 16-24
Evangelio: Jn 1, 6-8. 19-28

Nos encontramos ya en las puertas de la celebración de la Navidad en este Domingo III de Adviento (llamado “Domingo de la Alegría”), en el que además, comenzamos las ferias mayores de Adviento. Este tiempo tan corto pero tan intenso tiene dos partes: una primera parte (desde el primer domingo de Adviento hasta el 16 de diciembre) donde la liturgia nos anima a contemplar la última venida de Cristo y a convertir el corazón para su llegada al final de los tiempos; y una segunda parte (desde el 17 al 24 de diciembre) que pone el acento en aquella venida histórica de Jesús en Belén hace más de dos mil años. Con la celebración de este Domingo nos adentramos a celebrar los días previos a la Navidad, escuchando precisamente los pasajes que anteceden al nacimiento de Jesús. Este domingo, la liturgia vuelve a presentarnos al personaje de Juan el Bautista, el precursor y último profeta del Antiguo Testamento. Juan supone la bisagra entre el Antiguo y Nuevo Testamento: anuncia la luz verdadera sin serla y proclama al Mesías esperado sin considerarse digno de su presencia. Juan encarna de la mejor forma imaginable una de las virtudes esenciales de este tiempo y que es esencial para contemplar el misterio de un Dios que se hace niño: la humildad. La gente le sigue, tiene discípulos que viven con él y su anuncio despierta entre las gentes una frescura y novedad no vista anteriormente entre los judíos de su tiempo. Sin embargo, Juan no se anuncia a sí mismo ni busca la fama y la honra que le corresponde por derecho a otro. Juan hace de mensajero y de intermediario para aquel que ha plantado su tienda en medio de los hombres y que es el verdadero signo de salvación. Las antiguas promesas que proclama Isaías en la primera lectura, no refieren a Juan, sino a Jesús que se adentra en la historia personal de cada hombre y cada mujer para proclamar un año de gracia. Esa es nuestra mayor alegría, que Dios es fiel y cumple su promesa. Ha escuchado el clamor de la humanidad y ha querido hacerse presente en medio de nuestra vida. Y tú, ¿cómo manifiestas la alegría de saber que Dios te ama sin medida?